La esquina

septiembre 19, 2006




Veo por sobre el resto, al fin de la calle, al fin de la vía, al fin de la vida,
cuatro brazos, cuatro manos, sostienen a una bella y delgada muchacha,
acrobacias sobre aquellas manos fantasmales que vienen de abajo,
acrobacias por sobre la línea visual, acrobacias para lograr un pedazo de pan.

Una mirada al vacío, una sonrisa teatral, un acto repetido en cada parada,
veo el sustento flaquear, veo las pilastras quebrarse, veo la juventud desaparecer,
el fin de la caída, el cráneo contra el cemento, las ilusiones morir,
y la sangre se confunde con los motores, y la sangre se funde con el aceite.

Respiro cuando veo que no es cierto, los circenses deambulan entre los autos,
piden una recompensa por el peligro sufrido, una moneda por el drama humano,
ella se acerca adonde estoy, de edad indefinida y la mirada perdida,
su sonrisa estudiada, artificial, ocultando la realidad tras el maquillaje.

Camina raudamente recogiendo la dádiva mendicante, su expresión es incólume,
falsa, evadida de la realidad, las horas del atardecer caen sobre la ciudad,
el sol abandona la desabrigada silueta y yo intento escudriñar tras el maquillaje,
descubrir algo tras esa sonrisa de dientes blancos e intersticios disparejos

Se acerca a mí, su mirada perdida se fija por unos momentos en mis ojos,
sus ojos pierden el color, se transparentan, se licuan, la sonrisa artificial se borra,
me muestra su edad, es muy joven, me muestra su sufrimiento, es muy profundo,
el maquillaje cae destapando las lágrimas de la miseria y el pesar.

Sólo unos segundos, el maquillaje vuelve, la sonrisa vuelve, la mirada se pierde,
retorna sobre sus pasos, se sienta en el suelo a la orilla del carril y cuenta el dinero,
yo la miro unos instantes más, hasta que la presión de la multitud ciega y sorda me empuja,
los avisos de neón comienzan a encenderse, el frío aumenta y yo no puedo olvidar sus ojos.

Acuático (... mirando el cemento bajo la luz de los neones...)

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